¿QUÉ SIENTE EL POETA CUANDO ESCRIBE?
¿Se han
preguntado qué siente el poeta contemporáneo cuando escribe?
No hay
cuerpo, no hay nada, hay intuición traviesa escribiendo pequeños errores.
Jugando con
palabras, vocales, gerundios, tildes, verbos sin corchetes de refugio.
¡Todo es
loco sin camisa de fuerza!
¡No hay
coherencias!
Es un juego
de ideas como espermatozoides dentro del laberinto mental,
luchando
sin líquido seminal por llegar a ser
filtradas por el poeta…
Se calman
las frases. Se enojan. Se detienen. Se espantan.
No hay
encadenamiento.
Otras veces
empiezan, se aman, retroceden, las palabras se mueven.
Todas
desean llegar al marsupio que guarda el
secreto…
Como es
afuera es adentro y más adentro de tus ojos.
Hay
nacimientos sin sangrado y muertes sin balas,
conceptos
borrados, significados tachados, marcas en “u” y correcciones…
No hay bebé
bonito, solo masilla de un monstruo sin ojos en la génesis…
El despiste
es ritual; más si alguien llama… o me sorprende otro caos.
A veces,
toca levantarse para relajarse como si hubieras sido golpeado;
en el
reparto, te sientes estúpido por la brutalidad de tu error gramatical.
Y, qué
decir de la desesperación por ver nacer perfecto a tu consecuente poema;
ansiedad
pura que no enferma: trasnocha sin frío anestésico.
Te sientes
carnívoro experto con el arco y la flecha, siendo tierno mamífero de mamá…
No urge
coordinar, pero existe algo en tu interior que te corrige:
es mágico y
te sientes guiado hacia un destino volitivo impensado.
Y, cuando
llegas al contenido, meditas y te interrogas: ¿Esto hice yo?
Y lloras
sin apenas limpiarte, si es de amor. Si ríes, no te importa nada.
Y. cuando
viene la frustración: ¿adjetivo primero o después?
Y cuidado
si viene la ira y percibes reiniciarlo todo,
de pronto
nace algo nuevo y el título cambió.
¡Ya no sé
qué hacer aquí! ¡Me desespero!
¿No sé qué
pulir? ¡Ya no me gusta!¡Me “entorpezco”!
¿No sé qué
hago escribiendo esto? Si mañana termino leyéndolo solo.
Que se haga
mierda todo… ¿¡No sé!?
Tan pocos
internautas y gusto por las letras.
¡Ahí, que
quede!, ni siquiera me pagan...
Tú, que
esperas mis frecuentes publicaciones, no critiques, sin corazón.
Por la
cultura de “todo gratis” quieres te lleve a volar hacia tu famosa ilusión,
Obtener el
colmillo del elefante como regalo sin sudor y culpa tormentosa.
Que todo y
todos se vayan a su pozo de vergüenza o se auto… flagelen, como castigo.
Me irrita
que hasta cierta traición sea inspiración sin delito en este safari del lector.
En esta
existencia impaga, rompa la rima el Diablo, lo desarrolle todo y no solo mi
parte.
La verdad
es que soy pésimo poeta, y egocéntrico como bola en tu ruleta.
Al final,
no hay creación humana perfecta…
No se
enamoren de un poeta impulsivo. Tampoco de mí.
Soy
conveniente compulsivo como estudiante vagabundo
del bolsillo de Chaplin.
Punto final
a esta hiperplasia travesura poética y,
a este
modelado imperfecto con olor a pasión terrenal.
Autor: Franz
Alberto Merino Dávila







