Capítulo 1: El lienzo mágico
Mathías,
de 10 años, y Dante, de 6, adoraban dibujar y pintar juntos sobre papel y
cartulina. Algunos de sus trabajos colgaban en la sala y el comedor de su casa,
como testigos de visitas y risas.
Un
día, mientras jugaban, se dirigieron al cuarto de su madre. La curiosidad los
llevó a meter la mano en un agujero negro que estaba oculto en el clóset en donde colgaban ropas antiguas cuando fue niña y adolescente;
arriba una hermosa guitarra azul de madera
para principiantes púberes junto a su primera grabadora negra AIWA CA-W37:
recuerdos de una infancia feliz llena de todos los consentimientos de su abuelo.
Al sacar su mano, también extrajeron un lienzo circular totalmente negro sin
hongos ni moho y al estirarlo con sus ciento cincuenta centímetros entre los
dos, descubrieron que se quedaba firme como si un bastidor invisible lo
sostuviera, y si juntos aplaudían, se enrollaba solo.
No
le consultaron a su madre si podían pintar sobre él, simplemente lo llevaron a
su dormitorio compartido como respetuosos y cómplices hermanos de juego.
Volaron
a traer todos los crayones, lápices y marcadores escolares; ni formas ni
rayones permanecían en él, como si estuvieran secas sus tintas de colores. Ningún
dibujo ni leyenda lograron.
Decidieron
entonces devolver esa textura negra a su escondite en el clóset, intacto, como
queda la pantalla de su primera computadora familiar al apagarla después de
jugar. Claro, esta última experiencia fue realmente misteriosa, un lienzo que
tragaba todos los tintes. Tampoco era un portal portátil hacia el más allá ni
lienzo que asuste, mucho menos convertirse en un portal del tiempo como el Canal
de la Mancha para el Eurotúnel y llegar más rápido de Londres a París y,
viceversa.
Capítulo 2: El misterio contado en la
escuela
—¿Profesor Bianco
Nero, can I tell you
something? —preguntó Mathías con cierta
timidez a su profesor en la clase de Educación Cultural y Artística. Decidió usar
el spanglish como método de sigilo para evitar el bullying en su entorno pues,
si lo escuchaban con claridad, se percibiría como vanidoso o ridículo lo que
diría—With what materials can I draw on a black canvas que no se puede pintar
neither with pencils nor markers?
El joven maestro sonrió.
—Si deseas pintar sobre lienzo deberías usar óleo o
acrílico. Esos pigmentos se adhieren bien a la tela. Anota, si gustas. The
secret magic: no puedes pintar directo, deberás fondearla para tapar los
hoyitos de las fibras porque se absorbería la pintura. Usa para ello una
pintura llamada gesso blanco o negro. Gesso is
the priming technique used to prepare a canvas. Luego sí puedes usar los colores
primarios amarillo, azul y rojo; tampoco olvides comprar el blanco, que
combinado logra opacidad y aclara mezclas. Debes usar pinceles —le respondió el
maestro benevolente a Mathías.
— What are you
planning to paint, Mathías?
Mathías bajó la mirada un instante, como cuando se confiesan las travesuras
y errores humanos.
— I want to paint how patient my grandpa is...
because my mom gets angry at him very easily, y él solo nos da amor —respondió
con reflexiva ternura a su profe bilingüe.
—Cuando viene a
visitarnos nos regala momentos inolvidables de felicidad, pero…
Bianco
Nero prefirió no indagar más en la temática escogida por su alumno y con
entusiasmo comentó: —Demuéstrale a tu abuelo que sí valoras su esfuerzo y
bondad. ¡Es un gran reto! —concluyó asintiendo y haciendo un movimiento certero
y motivacional con la mano en la cual sostenía el marcador azul; el rojo y el
borrador descansaban en la base de la pizarra blanca.
Capítulo 3: Hora de pintar
—¡Dante, ya tengo la solución para pintar! Esto
necesitamos. Pidamos a la abuela que nos compre estos materiales —propuso
Mathías, el primogénito, al benjamín.
Sin
más detalles, la abuela “que los adora”, tomó la hoja suelta del cuaderno y
compró todos esos requerimientos en Juan Marcet, exigencia “ya por costumbre
escolar” directa del profesor.
Mathías
escogió los óleos y Dante se decidió por los frascos de acrílico más coloridos
y llamativos para su espíritu juguetón e incansable. Acordaron pintar cada uno una
mitad.
Se
dirigieron hacia ese rincón para extraerlo. Los hermanos estiraron el lienzo
redondo y lo arrimaron hacia la pared de su dormitorio. Destaparon el Gesso Blanco
de Franco Arte y Dante procedió a aplicar el imprimante a toda velocidad, pero
oh sorpresa, también desaparecía.
Dante
dirigió la mirada a su querido hermano mayor, como diciendo: ¡no sirve!
De
pronto el lienzo se convirtió en un agujero negro que no soportaba ser
fondeado, devoraba el gesso y el resto de colores a la velocidad de la luz.
Ratificado: era un horizonte de sucesos policromáticos.
Mathías
y Dante, sentados en el piso contemplaron fijamente la tela circular negra,
preguntándose si era mágica y por qué no constaba en el libro “Las mil y una
noches”, como sí lo estaba la alfombra mágica en “Aladino y la lámpara
maravillosa”.
—¿Qué pensabas pintar? —le dijo con dulzura Dante
a su hermano.
—Algo
que simbolice a la paciencia del abuelo. ¿Y, tú ñaño?
—Las
luces de chispitas que hay en Navidad y un carrito a pilas. —le contestó el
benjamín.
Regresaron
nuevamente a mirar fijamente el lienzo, sin preguntarse nada y entraron en un
fantástico trance.
Ambos
sintieron que el lienzo habló, exhalando un resplandor de doradas
palabras. A Mathías le dijo: te concederé
que pintes tu metáfora tierna y valiente por amor a tu abuelo. A Dante le
manifestó: eres el niño más inquieto y amoroso que he visto; te concederé que
me pintes esas luces de alegría. Tomen el gesso y pinten mi piel negra, que está
vacía de color —callando con esto la tela para siempre.
Ya en el aquí y en el ahora, así lo hicieron,
solo que esta vez imprimaron con mucha paciencia y alegría, juntos.
Mathías
pintó una gota de agua cayendo poco a poco desde un jarrón celestial sobre una piedra blanca que parecía guardar sentimientos
petrificados, solo vista en los ríos
andinos: lenta y constante, capaz de suavizar lo más duro.
Dante,
con esa energía brillante y a veces desbordante que lo hace único, logró
canalizarla mientras pintaba. Aprendía a manejar sus impulsos y a sus pequeñas
batallas del día a día en la escuela. Pintó rayos de colores en forma de
racimos que celebraban la alegría de las luces y los juegos pirotécnicos de
Navidad, y también el carrito que su abuelo le regaló aquella nochebuena,
usando todos los acrílicos.
—¿Ñaño,
qué te parece si le ponemos un título a nuestra obra? —sugirió optimista Mathías
a su hermano, quien aún no sabía escribir.
Asintió
solo con su rostro, Dante.
El
título puesto:
¡Abuelo,
nosotros sí vemos tu paciencia y tu bondad!
I
love you!
Aplaudieron
y volvió a enrollarse el lienzo, mantiene su magia, y lo ocultaron en ese mismo
agujero. Mientras sucedía, la guitarra azul del clóset vibró suavemente, como
si pronunciara un “gracias”. Después todo quedó en silencio. Se lo entregarán
en la próxima esperada Navidad, cuando los visite, o le pedirán a su madre que
se lo envíe si ya no pudiera venir.
Hoy
celebran en su escuela común el Primer Grito de Independencia del Ecuador.
Agosto
trae la luz de América, la esperanza...
Moraleja:
Así
aprendieron los niños que los lienzos más difíciles no se pintan solo con
colores, sino con virtudes y emociones, como la paciencia y la alegría
compartida.
Las
pinturas traen mensaje y amor… sobre todo cuando las crean los escolares con
todo su corazón y desde sus inocentes anhelos.
Para
mis amados.
Franz Alberto Merino Dávila
Loja - Ecuador
2026

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