lunes, 17 de agosto de 2026

FÁBULA: LOS HERMANOS PINTORES Y EL LIENZO DE SUCESOS

 

Capítulo 1: El lienzo mágico

Mathías, de 10 años, y Dante, de 6, adoraban dibujar y pintar juntos sobre papel y cartulina. Algunos de sus trabajos colgaban en la sala y el comedor de su casa, como testigos de visitas y risas.

Un día, mientras jugaban, se dirigieron al cuarto de su madre. La curiosidad los llevó a meter la mano en un agujero negro que estaba oculto  en el clóset en donde colgaban  ropas antiguas cuando fue niña y adolescente; arriba una  hermosa guitarra azul de madera para principiantes púberes junto a su primera grabadora negra AIWA CA-W37: recuerdos de una infancia feliz llena de todos los consentimientos de su abuelo. Al sacar su mano, también extrajeron un lienzo circular totalmente negro sin hongos ni moho y al estirarlo con sus ciento cincuenta centímetros entre los dos, descubrieron que se quedaba firme como si un bastidor invisible lo sostuviera, y si juntos aplaudían, se enrollaba solo.

No le consultaron a su madre si podían pintar sobre él, simplemente lo llevaron a su dormitorio compartido como respetuosos y cómplices hermanos de juego.

Volaron a traer todos los crayones, lápices y marcadores escolares; ni formas ni rayones permanecían en él, como si estuvieran secas sus tintas de colores. Ningún dibujo ni leyenda lograron.

Decidieron entonces devolver esa textura negra a su escondite en el clóset, intacto, como queda la pantalla de su primera computadora familiar al apagarla después de jugar. Claro, esta última experiencia fue realmente misteriosa, un lienzo que tragaba todos los tintes. Tampoco era un portal portátil hacia el más allá ni lienzo que asuste, mucho menos convertirse en un portal del tiempo como el Canal de la Mancha para el Eurotúnel y llegar más rápido de Londres a París y, viceversa.

Capítulo 2: El misterio contado en la escuela

—¿Profesor Bianco Nero, can I tell you something? —preguntó Mathías con cierta timidez a su profesor en la clase de Educación Cultural y Artística. Decidió usar el spanglish como método de sigilo para evitar el bullying en su entorno pues, si lo escuchaban con claridad, se percibiría como vanidoso o ridículo lo que diría—With what materials can I draw on a black canvas que no se puede pintar neither with pencils nor markers?

El joven maestro sonrió.

—Si deseas pintar sobre lienzo deberías usar óleo o acrílico. Esos pigmentos se adhieren bien a la tela. Anota, si gustas. The secret magic: no puedes pintar directo, deberás fondearla para tapar los hoyitos de las fibras porque se absorbería la pintura. Usa para ello una pintura llamada gesso blanco o negro. Gesso is the priming technique used to prepare a canvas. Luego sí puedes usar los colores primarios amarillo, azul y rojo; tampoco olvides comprar el blanco, que combinado logra opacidad y aclara mezclas. Debes usar pinceles —le respondió el maestro benevolente a Mathías.

  What are you planning to paint, Mathías?

Mathías bajó la mirada un instante, como cuando se confiesan las travesuras y errores humanos.

 — I want to paint how patient my grandpa is... because my mom gets angry at him very easily, y él solo nos da amor —respondió con reflexiva ternura a su profe bilingüe.   —Cuando viene a visitarnos nos regala momentos inolvidables de felicidad, pero…

Bianco Nero prefirió no indagar más en la temática escogida por su alumno y con entusiasmo comentó: —Demuéstrale a tu abuelo que sí valoras su esfuerzo y bondad. ¡Es un gran reto! —concluyó asintiendo y haciendo un movimiento certero y motivacional con la mano en la cual sostenía el marcador azul; el rojo y el borrador descansaban en la base de la pizarra blanca.

Capítulo 3: Hora de pintar

  —¡Dante, ya tengo la solución para pintar! Esto necesitamos. Pidamos a la abuela que nos compre estos materiales —propuso Mathías, el primogénito, al benjamín.

Sin más detalles, la abuela “que los adora”, tomó la hoja suelta del cuaderno y compró todos esos requerimientos en Juan Marcet, exigencia “ya por costumbre escolar” directa del profesor.

Mathías escogió los óleos y Dante se decidió por los frascos de acrílico más coloridos y llamativos para su espíritu juguetón e incansable. Acordaron pintar cada uno una mitad.

Se dirigieron hacia ese rincón para extraerlo. Los hermanos estiraron el lienzo redondo y lo arrimaron hacia la pared de su dormitorio. Destaparon el Gesso Blanco de Franco Arte y Dante procedió a aplicar el imprimante a toda velocidad, pero oh sorpresa, también desaparecía.

Dante dirigió la mirada a su querido hermano mayor, como diciendo: ¡no sirve!

De pronto el lienzo se convirtió en un agujero negro que no soportaba ser fondeado, devoraba el gesso y el resto de colores a la velocidad de la luz. Ratificado: era un horizonte de sucesos policromáticos.

Mathías y Dante, sentados en el piso contemplaron fijamente la tela circular negra, preguntándose si era mágica y por qué no constaba en el libro “Las mil y una noches”, como sí lo estaba la alfombra mágica en “Aladino y la lámpara maravillosa”.

 —¿Qué pensabas pintar? —le dijo con dulzura Dante a su hermano.

—Algo que simbolice a la paciencia del abuelo. ¿Y, tú ñaño?

—Las luces de chispitas que hay en Navidad y un carrito a pilas. —le contestó el benjamín.

Regresaron nuevamente a mirar fijamente el lienzo, sin preguntarse nada y entraron en un fantástico trance.

Ambos sintieron que el lienzo habló, exhalando un resplandor de doradas palabras.  A Mathías le dijo: te concederé que pintes tu metáfora tierna y valiente por amor a tu abuelo. A Dante le manifestó: eres el niño más inquieto y amoroso que he visto; te concederé que me pintes esas luces de alegría. Tomen el gesso y pinten mi piel negra, que está vacía de color —callando con esto la tela para siempre.

Ya  en el aquí y en el ahora, así lo hicieron, solo que esta vez imprimaron con mucha paciencia y alegría, juntos.

Mathías pintó una gota de agua cayendo poco a poco desde un jarrón celestial sobre una  piedra blanca que parecía guardar sentimientos petrificados,  solo vista en los ríos andinos: lenta y constante, capaz de suavizar lo más duro.

Dante, con esa energía brillante y a veces desbordante que lo hace único, logró canalizarla mientras pintaba. Aprendía a manejar sus impulsos y a sus pequeñas batallas del día a día en la escuela. Pintó rayos de colores en forma de racimos que celebraban la alegría de las luces y los juegos pirotécnicos de Navidad, y también el carrito que su abuelo le regaló aquella nochebuena, usando todos los acrílicos.

—¿Ñaño, qué te parece si le ponemos un título a nuestra obra? —sugirió optimista Mathías a su hermano, quien aún no sabía escribir.

Asintió solo con su rostro, Dante.

El título puesto:

¡Abuelo, nosotros sí vemos tu paciencia y tu bondad!

I love you!

Aplaudieron y volvió a enrollarse el lienzo, mantiene su magia, y lo ocultaron en ese mismo agujero. Mientras sucedía, la guitarra azul del clóset vibró suavemente, como si pronunciara un “gracias”. Después todo quedó en silencio. Se lo entregarán en la próxima esperada Navidad, cuando los visite, o le pedirán a su madre que se lo envíe si ya no pudiera venir.

Hoy celebran en su escuela común el Primer Grito de Independencia del Ecuador.

Agosto trae la luz de América, la esperanza...

Moraleja:

Así aprendieron los niños que los lienzos más difíciles no se pintan solo con colores, sino con virtudes y emociones, como la paciencia y la alegría compartida.

Las pinturas traen mensaje y amor… sobre todo cuando las crean los escolares con todo su corazón y desde sus inocentes anhelos.

Para mis amados.

Franz Alberto Merino Dávila

Loja -  Ecuador

2026


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