LA CARTA TIENE
AROMA
Antes, tipeaba mis
cartas con la máquina familiar Adler Gabriele 25.
Llevaba siempre el
tono rojo el título de mi poema para usted.
Con la tonalidad negra
expresaba mis sentimientos, que abrazaban mis penurias.
Irrigadas mis mejillas,
pidiéndole me absuelva con su perdón, regrese mi alegría junto a usted.
Ahora, los memes
vinieron a reemplazar esos románticos retorcijones de pareja; dicen el sentir,
pero vienen sin la
fuerza propia del corazón desdichado.
¡Cómo quisiera que regrese
esa práctica tan sincera de escribir o tipear cartas con huellas y manchas!
Sin engaño la enviaba,
como caballo de Troya, escondiendo mis lágrimas sometidas de iluso…
Exquisito si usted, mi
amada, deseaba continuar caminando por mis calles.
De rodillas caía si la
carta regresaba perfectamente doblada y grapada, trayendo:
la última oportunidad,
la definitiva, el aroma preferido, el aceite de sus dedos
y el carmesí de su
boca en el papel bond varias veces leído, y sobre mi firma manual.
La puerta de su casa
la abría… volvía a olfatear sus tablas y a mirar la voz de su flamenco.
Franz Alberto Merino
Dávila
Poeta y escritor ecuatoriano
Febrero - 2026


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